PELADORAS DE PATATAS Y ESCURRIDORAS CENTRIFUGADORAS
Las peladoras de patatas y las escurridoras o centrifugadoras de verduras forman parte de la maquinaria de preparación destinada a cocinas profesionales con un cierto volumen de producción. No son equipos pensados para todos los negocios ni para cualquier nivel de consumo, sino para aquellos casos en los que la repetición de tareas y el tiempo dedicado a la preparación justifican una solución mecánica. Bien dimensionadas, permiten ganar regularidad, reducir esfuerzo manual y organizar mejor los flujos de trabajo en la zona de preparación.
La peladora de patatas solo tiene sentido cuando el consumo diario es suficiente como para compensar la inversión y el espacio que ocupa. En cocinas con un uso puntual de patata, el trabajo manual sigue siendo razonable, pero cuando se manejan 10, 20, 30 kilos o más al día, la diferencia es clara. Técnicamente, se trata de un cilindro con un plato abrasivo en la base que gira a unas 300–350 rpm y elimina la piel por fricción. La capacidad por ciclo puede ir desde los 5 hasta los 30 kilos, lo que se traduce en producciones horarias muy elevadas, siempre que los ciclos estén bien ajustados al tipo y estado de la patata.
Más allá de la capacidad, hay aspectos técnicos que condicionan el rendimiento real de la peladora. La duración del ciclo debe adaptarse a la rugosidad de la piel para evitar mermas innecesarias, y el tipo de plato es determinante: los platos abrasivos suelen ofrecer mayor durabilidad y un mejor equilibrio entre limpieza y desperdicio que los sistemas con cuchillas. También es clave el diseño del equipo en cuanto a materiales, toma de agua y desagüe, ya que durante el proceso es necesario arrastrar las pieles con agua y filtrarlas correctamente para no provocar atascos. Por su tamaño y conexiones, la peladora acaba integrándose como un elemento fijo de la cocina, más cercano a un mueble que a una máquina móvil.
Las escurridoras de verduras o vegetales, por su parte, están pensadas específicamente para vegetales de hoja una vez lavados, como lechugas, brotes o escarolas, y no para otros productos. Funcionan mediante una cesta que gira a alta velocidad y expulsa el agua por centrifugación, logrando un secado homogéneo. Aunque su capacidad se expresa en litros de tambor, en la práctica admiten pocos kilos de producto, ya que la hoja ocupa mucho volumen y pesa poco, lo que explica su alta producción por hora. La posibilidad de trabajar con distintas velocidades y ciclos permite adaptar el proceso a hojas más frágiles o más duras, y detalles como el desagüe sifonado, los materiales higiénicos y la opción de disponer de cestos adicionales influyen directamente en su uso diario.
En conjunto, tanto peladoras como escurridoras aportan valor cuando se eligen con criterio y se ajustan al volumen real de trabajo. No se trata de incorporar maquinaria por sistema, sino de entender qué problema resuelve cada equipo, qué exigencias técnicas implica y cómo encaja en el proceso global de la cocina. En Tophosteleria Projects defendemos que una buena decisión en maquinaria de preparación no acelera solo la producción, sino que mejora la organización, la calidad del producto y la estabilidad del servicio a largo plazo.




